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MÁS ALLÁ DEL PROPIO ESPECTÁCULO

Convirtiendo Puerto Madero en una velada completa, no solo en el espectáculo

Un puerto abandonado de la década de 1890 se convirtió en uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires — aprovecha su puente, su reserva natural y sus restaurantes para armar una noche completa alrededor del espectáculo.

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Un puerto que nunca funcionó, y luego un barrio que sí lo hizo

Los muelles de Puerto Madero quedaron obsoletos casi tan pronto como se terminaron. El puerto del ingeniero Eduardo Madero, construido entre 1887 y 1897, se diseñó para barcos más pequeños que los que ya llegaban cuando abrió sus puertas, y un segundo puerto, más grande — Puerto Nuevo — lo había reemplazado como principal puerto de la ciudad en 1926. Durante la mayor parte del siglo XX, los viejos almacenes de ladrillo permanecieron vacíos o infrautilizados, un frente marítimo abandonado a pocos pasos del centro, hasta que un plan maestro de renovación lanzado en 1989 comenzó a transformar los muelles en lo que hoy es uno de los barrios más elegantes de Buenos Aires — la misma conversión que acabó convirtiendo uno de esos edificios antiguos en el Faena Hotel.

El puente que todos fotografían

El Puente de la Mujer, un puente peatonal blanco con forma de vela que cruza el dique de Puerto Madero, se inauguró en diciembre de 2001 y suele ser la estructura más fotografiada del barrio: un puente giratorio suspendido diseñado por el arquitecto español Santiago Calatrava, su primer proyecto terminado en América Latina. Es un paseo realmente agradable antes de cenar: el dique que atraviesa está flanqueado por restaurantes y antiguos almacenes reconvertidos en ambas orillas, iluminados por la noche, y se encuentra a un cómodo paseo del Faena. Llegar con tiempo para recorrer los muelles antes de tu reserva en Rojo Tango es una forma sencilla de convertir la salida en una velada especial, y no solo en un espectáculo al que asistes.

Una reserva ecológica, si vienes más temprano en el día

Si vas a dedicarle un día completo a Puerto Madero y no solo una tarde, la Reserva Ecológica Costanera Sur se encuentra en el extremo sur del barrio: una gran extensión de humedales y praderas recuperada, casi por casualidad, de un vertedero en las décadas de 1970 y 1980, hoy convertida en una auténtica reserva natural con senderos para caminar, aves y vistas al río dentro de los límites de la ciudad. Es un contraste llamativo con los muelles pulidos y las torres de cristal a pocos minutos a pie, y una forma sensata de llenar una tarde porteña antes de una reserva nocturna, sobre todo en los meses más frescos, cuando un largo paseo al aire libre resulta más agradable que bajo el calor del verano austral.

Llegar y volver con seguridad por la noche

Puerto Madero es uno de los distritos de Buenos Aires con mayor presencia policial y mejor iluminación, reflejo de su condición de barrio de negocios y hoteles de lujo, lo que lo convierte en un lugar razonablemente seguro para estar fuera de casa después del anochecer, según los estándares de una gran capital latinoamericana. Dicho esto, llegar y salir en taxi o mediante una aplicación de transporte compartido, en lugar de caminar desde zonas más alejadas, es el enfoque habitual y sensato que adoptan tanto visitantes como locales por la noche, sobre todo porque los muelles en sí son más tranquilos y menos concurridos a altas horas que la franja de restaurantes que los rodea. Organiza tu viaje de regreso antes de sentarte a cenar, en lugar de intentar encontrar transporte desde una calle portuaria desierta a altas horas de la madrugada.

Cómo encaja Puerto Madero en el resto de la ciudad

Puerto Madero se encuentra justo al este del centro histórico de Buenos Aires, a un corto trayecto en taxi de la Plaza de Mayo, San Telmo y el resto del casco urbano, lo que facilita combinar una noche de Rojo Tango con un día dedicado a otras zonas de la ciudad, en lugar de tratarlo como una excursión aislada. Muchos viajeros organizan una jornada completa en torno a este barrio: una mañana entre los mercados y las calles coloniales de San Telmo, una tarde en la reserva ecológica o simplemente paseando por los muelles, y Rojo Tango por la noche, aprovechando la ubicación céntrica del barrio en lugar de alojarse en Puerto Madero durante toda la estancia.

Organizando la velada en torno al punto fijo

Dado que Rojo Tango ofrece una única función fija por noche y no horarios flexibles, la forma más fiable de planificar la velada es tomar la hora del espectáculo como ancla y calcular hacia atrás: llegue al barrio con suficiente margen para cruzar los muelles a pie, tenga en cuenta el tráfico de Buenos Aires si viene desde otra zona de la ciudad, y resista la tentación de añadir una parada más que pueda hacerle llegar tarde a un show que no le reservará mesa. Un barrio tan transitable premia llegar un poco antes mucho más de lo que castiga hacerlo tarde.

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